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lunes, 4 de agosto de 2014

El último cartucho en un domingo de cine

En la entrada 100 del blog algo especial. Vuelvo a presentarme en la II edición del Certamen de Relato Breve del Diario de Navarra. Esta es mi propuesta.

A pesar de ser domingo, para Miguel era un día más. Se había levantado temprano, como todos los días, y había ido correr su media hora por el paseo del río; tras estirar y realizar una serie de ejercicios para tonificar otros músculos, se duchó y afeitó. Fue a la cocina y preparó el desayuno para el resto de la familia, como sabía que tardarían todavía un poco en levantarse, decidió empezar a desayunar él solo, tranquilamente.

Miguel sabía lo importante que en su situación era mantener rutinas, especialmente de esfuerzo, de lo contrario podía caer fácilmente en la anodina apatía de los protagonistas de “Los lunes al sol”. Y él era un luchador nato, superviviente de mil batallas laborales, que incluían un par de traslados de empresa que encubrían sendos cierres de las mismas, un final de contrato con muchas mentiras o verdades a medias y un despido improcedente, este último hacía 23 meses, el cual le había dejado varado en mitad de aquella crisis que parecía no acabar nunca. Dicen que la profesión va por dentro. Aquellas duras y algunas traumáticas vivencias le habían dejado unas graves heridas cuyas cicatrices llevaba en el alma, y que solo los ojos expertos de algún profesional avezado de la psiquiatría o psicología y las pocas personas que lo conocían muy bien eran capaces de percibir o intuir.

La vida no era fácil ni tampoco justa. Miguel se sentía “el último mohicano”, a los de su edad les habían enseñado que con esfuerzo y sacrificio se alcanzaban los objetivos y así había sido hasta entonces. Pero cuando los de su generación habían alcanzado un buen puesto y parecía que todo estaba encarrilado. ¡Zas! les habían cambiado el ritmo de la canción de la vida y la orquesta del “Titanic”, ahora, tocaba otra melodía. Ya los trabajos no duraban para siempre y los contratos indefinidos eran papel mojado, cada vez era más difícil, casi imposible, que alguien se jubilase en la misma empresa en donde había empezado a trabajar.

Todo ello hacía de Miguel, el exponente típico de lo que su amigo Jesús denominaba perfecto representante de la talla LR o LS. L de cincuentón L=50 en números romanos y R de resistente o resilente, aunque bien podría cambiarse por S de superviviente.

Miguel a veces se sentía solo y abandonado por todos como Gary Cooper en “Solo ante el peligro”.

Los domingos sabía que podía disfrutar del silencio de la mañana y leer con tranquilidad, como cuando era pequeño salvo que ahora su pertrecha economía no le permitía ir al cine, como antaño para disfrutar del programa doble o de la sesión continua. Su economía de guerra solo le dejaba comprar la prensa ese día, entre otras cosas porque había un suplemento de páginas sepias con la actualidad económica en donde se publicaban los anuncios de ofertas laborales, aunque estas prácticamente habían desaparecido. Y pescar una era una proeza como la epopeya de “El viejo y el mar”. Aun así la esperanza es lo último que se pierde que se lo contasen a “Los últimos de Filipinas” o a los miembros de “La patrulla perdida”.

Abrió el periódico por el centro tras echar un vistazo a la contraportada para ver la tira cómica de un conocido dibujante local, que casi siempre le hacía esbozar una sonrisa. Y su vista se quedó inmediatamente clavada en un pequeño anuncio que requería un titulado superior con experiencia en el sector en donde Miguel había desarrollado toda su vida laboral. Su perfil encajaba como guante al dedo, pero no quería hacerse ilusiones llevaba más de 1000 intentos y una docena de entrevistas, la última hacia ocho meses y siempre pasaba lo mismo buscaban un perfil diferente, vamos más joven y supuestamente más barato.

Se levantó tranquilamente y se dirigió lentamente al salón donde estaba el ordenador como Ringo, ósea se John Wayne, cuando se bajaba de “la diligencia” al llegar al pueblo. Abrió el correo electrónico, adjunto una carta de presentación y su curriculum adaptados al anuncio y pulsó enviar. Sabía que había disparado su última bala. Y mientras cerraba el programa se acordó del final de su película preferida “Casablanca” escuchando a “Bogey” mascullar con el pitillo a medio fumar “Esto puede ser el comienzo de una nueva amistad”.

Aquí dejo el enlace sobre el veredicto del jurado y comentarios de lectores al respecto. El II Certamen de Relato Breve vuela a Argentina.
 
Lo que no he encontrado esta año es la publicación del relato ganador.

domingo, 23 de junio de 2013

El "Plan B"

Hace tiempo que recibe un mensaje con esta interesante reflexión, que ahora comparto con vosotros, espero que os ayude en la reflexión de vuestros problemas. Ya que a mí se me había olvidado y viene bien recordarla.


Problema 1.Cuando la NASA comenzó con el lanzamiento de astronautas al espacio, descubrieron que los bolígrafos no funcionarían sin gravedad (o con gravedad cero), pues la tinta no bajaría hasta la superficie en que se deseara escribir.


  
Solución A) Resolver este problema, les llevó 6 años y 12 millones de dólares. Desarrollaron un bolígrafo que funcionaba: bajo gravedad cero, al revés, debajo del agua, prácticamente en cualquier superficie incluyendo cristal y en un rango de temperaturas que iban desde abajo del punto de congelación hasta superar los 300 grados centígrados.

Solución B) ¿Y qué hicieron los rusos? ¡Los rusos utilizaron un lápiz! 

Problema 2.
Uno de los más memorables casos de estudio de la gestión japonesa fue el caso de la caja de jabón vacía, que ocurrió en una de las más grandes empresas de cosmética de Japón. La compañía recibió la queja de un consumidor que compró una caja de jabón y estaba vacía. Inmediatamente las autoridades aislaron el problema a la cadena de montaje, que transportaba todas las cajas empaquetadas de jabón al departamento de reparto. Por alguna razón, una caja de jabón pasó vacía por la cadena de montaje. Los altos cargos pidieron a sus ingenieros que encontraran una buena y rápida solución del problema.

Solución A)
De inmediato, los ingenieros se lanzaron a su labor para idear una máquina de rayos X con monitores de alta resolución manejados por dos personas y así vigilar todas las cajas de jabón que pasaran por la línea para asegurarse de que no fueran vacías. Sin duda, trabajaron duro y rápido.

Solución B)
Cuando a un empleado común en una empresa pequeña se le planteó el mismo problema, no entró en complicaciones de rayos X, robots, equipos informáticos o complicados; en lugar de eso planteó otra solución: Compró un potente ventilador industrial y lo apuntó hacia la cadena de montaje. Encendió el ventilador, y mientras cada caja pasaba por el ventilador, las que estaban vacías simplemente salían volando de la línea de producción.
 
Problema 3.
Un magnate hotelero viajo a una ciudad hindú por segunda vez a un año de distancia de su primer viaje, al llegar al mostrador de un hotel inferior en estrellas a los de su cadena, el empleado le sonríe y lo saluda diciéndole: Bienvenido nuevamente señor, que bueno verlo de vuelta en nuestro hotel; sorprendido en gran manera ya que a pesar de ser una persona tan importante, le gusta el anonimato y difícilmente el empleado tendría tan buena memoria para saber que estuvo allí un año antes, quiso imponer el mismo sistema en su cadena de hoteles ya que ese simple gesto lo hizo sentir muy bien. A su regreso inmediatamente puso a trabajar en este asunto a sus empleados para encontrar una solución a su petición.

Solución A)
La solución fue buscar el mejor software con reconocimiento de rostros, base de datos, cámaras especiales, tiempo de respuesta en micro segundos, capacitación a empleados, etc. Etc. Con un costo aproximado de 2.5 millones de dólares.

Solución B)
El magnate prefirió viajar nuevamente y sobornar al empleado de aquel hotel para que revelara la tecnología que aplican. El empleado no acepto soborno alguno, sino que humildemente comentó al magnate como lo hacían, el dijo: "Mire señor, tenemos un arreglo con los taxistas que lo trajeron hasta acá, ellos le preguntan si ya se ha hospedado en el hotel al cual lo está trayendo, y si es afirmativo, entonces cuando el deja su equipaje aquí en el mostrador, nos hace una señal, y así se gana un dólar".

Moraleja:
 
¡No compliques tu trabajo! Concibe la solución más simple al PROBLEMA. 
Aprende a centrarte en las SOLUCIONES y no, en los PROBLEMAS.

El "Plan B"...lo más SENCILLO: SÉ SIEMPRE POSITIVO

El hijo que muchas veces no limpia su cuarto y se la pasa viendo televisión, significa que...
Está en casa!

El desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, significa que...
Estuvimos rodeados de familiares o amigos!

Las ropas que están apretadas, significa que...Tengo más que suficiente para comer!

El trabajo que tengo en limpiar la casa, significa que...Tengo una casa!

No encuentro estacionamiento, significa que...Tengo coche!

Los ruidos de la ciudad, significa que...Puedo oír!

El cansancio al final del día, significa que...Puedo trabajar!

El despertador que me despierta todas las mañanas, significa que...Estoy vivo!

Finalmente por los mensajes que recibo, significa que...Tengo amigos pensando en mí! 



¡¡¡Gracias Elena por haberlo enviado!!!

martes, 18 de junio de 2013

La última carrera


Esta es la obra que presenté al I CERTAMEN RELATO CLUB LECTURA DN

Caminaba rápido, todo lo rápido que se puede cuando se sube la cuesta de Sto. Domingo en su último tramo, esquivando a la agente. En una de sus manos, doblado por la mitad y enrollado, llevaba el periódico del día. Al llegar a mitad de la plaza consistorial, levantó la vista y miró el reloj las agujas indicaban que faltaban tres minutos para en punto. Iba justo de tiempo. El asistir al canto le había retrasado un poco, pero le gustaba la tradición y mantener un ritual. Aunque era día de labor, había más gente de lo habitual. Aceleró el paso y saludó con un gesto a unos conocidos, apostados enfrente.

Quizás, por los nervios, al enfilar la curva más famosa de la ciudad y posiblemente la más conocida del mundo fuera de los circuitos de alta velocidad, saco el móvil y volvió a mirar la hora.

Sus recuerdos volaron a aquellos años en los que no existían los celulares y tenía que buscar rápidamente una cabina para llamar a casa, dar el parte y tranquilizar a la madre. Después vino el tiempo en el que las llamadas eran dos. Con esas ideas en la cabeza llegó a mitad de la calle cerca de la Bajada Javier, pero no era su día de suerte.

Unos guiris se habían colocado en “su portal”. Eran dos “armarios” con sus amigas o quizás novias. Por el acento eran gringos y lucían la típica vestimenta de camisetas una talla menor para marcar musculatura, pantalones piratas y chancletas playeras. Ellas llevaban shorts vaqueros y camisetas sin mangas, el pelo rubio recogido en una coleta y el mismo calzado. A juzgar por su aspecto no habían dormido nada y bebido todo.

Se instaló en el siguiente hueco que había libre en la pared. Hecho un rápido vistazo y vio entre la gente a los habituales, les hizo un gesto con los ojos. Y comenzó a realizar algún estiramiento, intercalado con algún ejercicio de calentamiento. No por preparar los músculos, que ya los había calentado antes, sino por una mezcla entre costumbre y manera de tener la cabeza concentrada en otro tema. Sentía la adrenalina subir en su cuerpo y estos movimientos le ayudaban a liberar el estrés.

Le vino a la cabeza la conversión que había tenido con Camino, su pareja, el día anterior, en el que medio en broma, medio en serio se había comprometido a dejar de correr si era portada. Llevaba muchos años haciéndolo, más de los que podía contar con todos sus dedos. Sólo cuando nació su primer hijo, se le pasó por la cabeza, pero la verdad tampoco se veía matando el gusanillo como los dos abuelos que se colocaban, ahora, en la acera de enfrente bien pegados a la pared.

De repente, sonó un estampido en el cielo, su corazón se aceleró, el segundo estampido no se pudo oír por el griterío de la gente. Instintivamente cogió la cadena de oro, regalo de su abuela en su primera comunión, y besos los colgantes, uno de su “ángel de la guarda”, el Ángel de Aralar, el otro una imagen de San Fermín. La gente empezó a correr unos aceleradamente, como si les fuera la vida en ello, otros al trote unos pocos andando pegados a la acera. El prefería esperar, mirando Estafeta abajo, de vez en cuando daba un pequeño salto. Mentalmente se encomendaba a un misterioso capote que nadie había visto, pero del que cada mañana todo el mundo hablaba. 

Sabía que en poco más de un minuto, todos sus sentidos tenían que estar atentos al menor detalle de lo que pasará a su alrededor, el subidón de adrenalina era total y su corazón galopaba cerca de las 200 pulsaciones por minuto. Empezó a notar el principio de un tsunami de gente que corría más atropelladamente, y se unió al río multicolor, procurando mantener una línea recta. Sus oídos descifraban los códigos de otros corredores y supo que ya estaban cerca. Miró para atrás y los vio, la manada abierta por un morlaco negro, después un par de mansos y luego un hueco, antes de otros dos hermosos cinqueños. Dejo pasar a los primeros y se metió en el hueco. Los bóvidos achicaban la calle, como si fueran jugadores dirigidos por Menotti, y esta se había ensanchado con el nuevo pavimentado, pero había un exceso de jugadores. Una muerta por éxito era la que asfixiaba a la tradición y la puntilla se la habían dado las nuevas tecnologías y las redes sociales. Esquivó a un “pata” que iba filmando con su móvil, pero milagrosamente esto le hizo pillar el sitio, el cual se lo quería arrebatar un “divino” metiendo codo. Lo defendió como pudo más por oficio que con fuerza. Hacia años que no lograba esa sensación de comunión con la bestia. Había que disfrutar el momento.

De repente alguien por delante cayó, tuvo que saltar y se trastabilló, percibió que el negro asesino le había mirado y que sus cuchillos afilados le buscaban. Se quitó de en medio, empujando a una de las guiris que estaba parada y aterrorizada. En un último reflejo echo su periódico a la cara del animal. Sintió un fuerte golpe en el costado, debajo de la axila izquierda y oyó el sonido de su ropa rasgarse. Cayó al suelo y se cubrió la cabeza a la vez que se hacía un ovillo. Paso un rato que le pareció un siglo. Alguien le cogía del brazo y le ayudaba a levantarse, reconoció a Rastrojo, el veterano pastor, otra persona le entregaba los restos de su prensa, al mirarla, vio la foto de la portada.

Era él, realizando un extraño escorzo, salvando a una rubia de los pitones del toro, a la vez que el bicho estaba cegado por unos papeles que dibujan un capotazo en el aire a modo de larga cambiada con la imagen de San Fermín en el centro. 

Comprobó la fecha, extraña y misteriosamente, era de ayer. Busco el teléfono y llamó.

Aquí están los enlaces de la noticia del concurso:  

 Un madrileño gana el certamen de relatos del Club de Lectura  
Otra vez será. No se puede presentarse y besar el Santo a la primera.

Alberto de Frutos: "San Fermín es una fiesta que admiro mucho". ¡Enhorabuena Alberto!.
 
"Obra Póstuma", Alberto de Frutos, ganador del I Certamen de Relato breve del Club de Lectura de DN.

 
Recibido. Gracias por participar.
Un saludo

 




domingo, 19 de mayo de 2013

La tortuga en el poste

Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso. 
Se sienta en un banco... al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los legisladores y similares.
 

El señor le dice al joven:
- "¿Sabe? - Los políticos y demás, son como una tortuga en un poste."


Después de un breve lapso, el joven responde:
-"No comprendo bien la analogía... ¿Qué significa éso, señor?"

Entonces, el señor le explica: "Si vas caminando por el campo y ves una tortuga encima de un poste de alambrado haciendo equilibrio. ¿Qué se te ocurre?"
 


Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación:
- Primero: No entenderás cómo llegó ahí.
- Segundo: No podrás creer que esté ahí.
- Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí .
- Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.
- Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí

Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar. 

Moraleja:  A ver cómo hacemos para que en las próximas elecciones ningún "inútil" suba al poste.

Esto mismo se puede aplicar al mundo de la empresa, pero en este no elegimos al director. Aunque hay muchos mandos que son como tortugas en el poste.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Y la campaña

Antes de que se acabe la campaña y siguiendo la tradición española de sacar punto a todo siguiendo el consejo del doctor y profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York Luis Rojas Marcos quien valora el optimismo y el sentido del humor como herramientas para afrontar las adversidades de la vida, no puedo dejar de escribir esta entrada con dos chistes sobre políticos.

El primero me llego vía correo electrónico como el Mejor chiste de 2010.

Un médico israelita comenta: “La medicina en Israel está tan avanzada que nosotros le quitamos los testículos a una persona, se los ponemos a otra y en seis semanas ya está buscando trabajo”.

Un médico alemán comenta: “Eso no es nada, en Alemania, le sacamos parte del cerebro a una persona, la ponemos en otra, y en cuatro semanas ya está buscando trabajo”.

Un médico ruso comenta: “Eso tampoco es nada, en Rusia la medicina esta tan avanzada que le sacamos la mitad del corazón a una persona se la ponemos a otra y en dos semanas, ambas están buscando trabajo”.

A lo que el médico español responde: “Nada que ver con nosotros; ¡todos ustedes están muy atrasados! Fíjense que nosotros en España, cogemos a una persona sin cerebro, sin corazón y sin huevos, lo hacemos PRESIDENTE... ¡¡¡y ahora todo el país está buscando trabajo!!!

El segundo me lo contó un amigo

"Un señor que va en coche se percata que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:

- ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro!

- Claro que sí -le contesta- se encuentra usted en un coche, a unos 7 Km. del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.

- Es usted ingeniero, ¿verdad? -dice el del coche

- Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?

- Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente correcto", pero "prácticamente inútil": continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.

- Usted es político, ¿verdad? -pregunta el de la calle.

- En efecto -responde orgulloso el del coche- ¿cómo lo ha sabido?

- Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía..."

Como habéis podido leer va sobre ingenieros y políticos, aunque esa extraña sensación de tener la culpa de algo que uno no ha hecho parece que la enseñan en alguna escuela de negocios o master al que acuden los políticos y algunos de los directivos de un grupo cooperativo que consiguieron que muchos y buenos profesionales optáramos por salir de él debido a ese estilo de dirección.

miércoles, 5 de enero de 2011

La verdadera historia de los Reyes Magos

"Los Reyes Magos son verdad"


Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó la niña.
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de su hija.
- Entonces no lo entiendo. papá.
- Siéntate, princesa, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
La pequeña se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle.  Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Agradezco esta historia a Mikel Coromimas, misionero en Rumanía. 



jueves, 1 de octubre de 2009

El jarrón del fondo del lago

Hoy os voy a contar un cuento, espero que os guste.

Érase una vez un rey muy celoso de su poder. Dirigía la vida de sus súbditos hasta el más ínfimo detalle y les exigía una obediencia ciega. Sin embargo no era feliz. Se decía: "Me obedecen porque soy joven y fuerte. Pero cuando sea un débil anciano, ya no me temerán y se rebelarán contra mí." Así que con la intención de parecer siempre joven, se hizo teñir los cabellos y darse masajes en el rostro. Pero, aún así, no podía detener el inexorable paso del tiempo.

Un día se dio cuenta de que sus sirvientes tenían arrugas y los cabellos blancos. Esto le hizo reflexionar: “Nacieron en la misma época que yo, ¿de que sirve aparentar ser joven, si pueden leer en su propio rostro la edad que tengo realmente?”. Entonces hizo pregonar un edicto en todo el reino. “Su Majestad sólo quiere súbditos jóvenes y valientes como él. Todos aquellos cuyos cabellos hayan encanecido tienen tres días para abandonar el reino. Transcurrido este plazo, se cortará la cabeza a los que peinen canas. Pero puesto que su Majestad es generoso, ofrece la posibilidad de que los hijos rediman a sus padres y aquél que rescate el jarrón de oro, que cayó en el fondo del lago, salvará la vida de sus padres. Si fracasa morirán ambos”.

Al oír el edicto muchos huyeron al extranjero, otros se presentaron en el palacio para intentar rescatar el jarrón de oro, pero ninguno de los que se zambulleron en el lago consiguió rescatar el jarrón.

Un día un joven se acercó a la orilla del lago y observó el agua cristalina, el jarrón brillaba, asentado en la arena del fondo. Daba la impresión que bastaba con extender la mano y cogerlo. Sin embargo todos los que lo habían intentado se habían quedado sin cabeza. El muchacho volvió pensativo a su casa, preparo un atillo con la comida y tomó el camino de la montaña. Allí en el interior de una cueva, escondía a su anciano padre para protegerlo de la crueldad del rey.

El padre al verlo triste le preguntó si estaba cansado de hacer cada día el recorrido para traerle la comida. El hijo le respondió que estaba pensando en el jarrón de oro del fondo del lago. Se puede ver, pero es imposible cogerlo.

El padre reflexionó un instante y luego preguntó: ¿Hay algún árbol en la orilla, justo desde donde se puede ver el jarrón?.
- Sí, padre, respondió el muchacho.
El padre siguió preguntando: ¿Y sus ramas se reflejan en el agua?.
El joven respondió: ¡Claro que sí!.
El padre le comentó: Si quieres coger las ramas del árbol, no te lanzarías al agua, ¿verdad?.

El muchacho se despidió de su padre, con un abrazo, y volvió corriendo a su casa. Al día siguiente, muy temprano, se presentó en palacio, dispuesto a intentar la prueba. Ante los sorprendidos asistentes, se subió al árbol y con facilidad se apoderó del jarrón de oro. El cual estaba colgado de tal manera que, al reflejarse, parecía estar en el fondo del agua.

El rey le preguntó: “¿Cómo supiste que el jarrón estaba en el árbol?".
El muchacho le contesto: "En realidad, no fui yo quien lo supo, sino mi padre, que está oculto en las montañas."

El rey, ensimismado en sus propios pensamientos, se decía: Más de cien muchachos se han lanzado de cabeza al lago, sin descubrir el ardid. Y en cambio, este viejo, desde la montaña, lejos de aquí. Lo ha adivinado. Tal vez sea porqué las personas con canas son más sabias que las jóvenes…. Y ordenó anular el decreto y desde entonces, en aquel país, todo el mundo tuvo un profundo respeto por las personas de cabellos blancos.


¡Colorin! ¡Colorao! Este cuento se ha acaba´o!!!

Adaptación de un cuento armenio. Mil Años de Cuentos. Editoral Edelvives.